“Mantis”

Un hombre con forma de bulto se encontraba en una cama, a su lado dos enfermeras lo giraban para higienizarlo y cambiar sus transpiradas sabanas, que lo envolvían como a una momia. El hombre nada podía hacer por sí mismo, ni siquiera orinar en privado, ya que le faltaban todas sus extremidades.
Luego de la higiene entraron en la habitación dos policías con sus libretas y aparatos para grabar, hacía dos semanas que iban y venían por una historia que aún no habían escuchado y de la cual muchos esperaban conocer, tantas respuestas entrecortada en una extraña situación.
Ya eran semanas y ni siquiera se conocía su tono de voz, no podía hablar, estaba en un estado de perplejidad permanente, con sus grandes ojos marrones que reflejaban un alterado estado, quizás de “parálisis pos traumática” decían los doctores que lo vieron.
“Eran las siete y media de una mañana calurosa, una camioneta negra irrumpía con violencia sobre el blando suelo del monte verde y frondoso en la margen del rio Dayman, freno bruscamente cuando se encontró con un alambrado en su camino.
Se bajaron Alberto, Ricardo y Marcelo, amigos cazadores de años, amantes de la vida agreste, del fuego con su aroma muy particular a leña de monte, de pescar y recorrer las malezas en busca de algún chancho Jabalí, estos eran los elegidos ya que merecían su respeto al enfrentarlos solo con lanzas y arcos…no usaban armas de fuego, solo se valían de armas ancestrales, como en los orígenes de la humanidad.
Así cazaban y pescaban estos tres amigos desde toda una vida. Dejaron su camioneta cerrada y marcharon con sus mochilas, cañas, en sus manos unas filosas lanzas con punta de hierro.
Las chicharras aturdían con su particular sonido todo el tiempo, el aire era caliente, mientras revoloteaban miles de insectos a su paso, eran gigantescos mosquitos muy hambrientos, un camino estrecho y zigzagueante los llevo a su lugar preferido a orillas de aquel especial rio, de aguas pocas profundas.
El lugar ideal, árboles para sombra y cobijo, un claro para las carpas, sobre un barranco de tres metros sobre el nivel del agua con piso de pasto, perfecto para sentarse mirando la naturaleza, esperando que el pez muerda el anzuelo.
Armaron todo el campamento y comenzaron haciendo un asado mientras Ricardo juntaba leña encontró algo y llamo a gritos desesperado a Alberto y Marcelo.
Cuando llegaron sus caras fueron de espanto, perplejos viendo hacia arriba y allí los tres contemplaban la mitad de un chancho jabalí colgado de una rama a unos cuatros metros del suelo…
Sus tripas colgaban más abajo cerca del piso y corría un hilo de sangre sobre el tronco del árbol, una visión muy surrealista, pero allí estaba aquel destrozado animal, colgando de una rama ensangrentada.
– ¡¿Y como carajo llegó semejante animal ahí arriba?! – expreso Alberto casi de boca abierta.
El estupor de los tres amigos fue tanto que no sabían que decir luego de un largo rato, volvieron al campamento atónitos y muy confundidos, comenzaron a sentir ruidos en el monte que ya se tornaba oscuro con la caída de la calurosa tarde.
Para empeorar la situación comenzó a soplar un viento fresco y unas nubes de tormenta comenzaron a cubrir el cielo, el viento aumento y la lluvia comenzó a caer violentamente justo antes de un aturdidor rayo que los despertó de aquel impacto del Jabalí colgado.
Adentro en su cómoda y seca carpa, acostados en sus sobres de dormir se miraban alumbrados por una linterna, pero nada decían, escuchaban el viento aturdir afuera y el agua golpear por todos lados, se imaginaban aquello que pudo subir a aquel jabalí allá arriba y si aún andaría por el lugar… ¿un jaguar? ¿Un puma? …no recordaban si en el Uruguay existían semejantes bestias.
– Creo que fue un Puma…- dijo Marcelo rompiendo aquel incomodo silencio.
– No creo que fuera un puma, los que cuelgan sobre arboles sus presas son los Leopardos y que yo sepa acá no los hay – replico Alberto.
Pero el más asustado era Ricardo, sus enormes ojos solo observaban hacia arriba a las sombras de unas ramas que se movían y rozaban la lona de la carpa, miraba con atención algo que se movía fuera de lo normal, se sentó de repente con cara de pánico…- ¡ahí afuera anda algo!- grito.
Alberto y Marcelo tomaron sus armas, quedaron arrodillados en el centro de la carpa…apagaron la luz, sentían el rugir de la tormenta que parecía arrasar con todo afuera, mientras en su pequeño espacio estaban protegidos, pero el estado alterado de Ricardo les preocupaba, él era el más joven, pero también era famoso por ser muy asustadizo.
– ¡Es solo la tormenta Ricardo!, tranquilízate o nos asustas a todos-

– ¡Yo vi algo ahí!… que se movió y roso la carpa-
-Estas asustado y ves cualquier cosa…son las ramas no ves cómo se mueven, mira bien, solo es agua que ya va a pasar-
– Les digo que vi algo- respondió furioso.
– Dale Ricardo déjate de joder y dormite que mañana va estar lindo para pescar –
Se volvieron a acostar nuevamente mientras afuera la tormenta parecía crecer y crecer no daba indicio de menguar, luego de varias horas en silenciosa y pensantes se quedaron dormidos.
A las tres de la mañana Alberto se despertó al sentir agua fría en su rostro, entonces al abrir los ojos noto gracias a un breve flash de relámpago… que Ricardo era elevado con su sobre de dormir, por un corte en el techo de la carpa, unas pinzas verdes y rojas, llenas de cierras enorme lo envolvían y lo levantaron fuera de la carpa.
Alberto grito y Marcelo salto del susto, ambos vieron como su amigo desaparecía entre las sombras de la madrugada, agua y viento aun reinaban el panorama. Instintivamente salieron con sus arcos y lanzas a fuera, no encontraron nada, el monte era muy sucio, todo se veía igual sin luz, Alberto corrió gritando el nombre de su amigo y desapareció de vista.
Marcelo allí perplejo sintió un terror paralizante y no supo qué hacer ni decir, no se movió empapado allí entre las sombras por varios minutos, luego comenzó a llorar desesperadamente al comprender que estaba completamente solo.
Cuando volvió en razón congelado por la fría lluvia, camino rumbo a donde Alberto había corrido, el agua seguía cayendo y la claridad se comenzaba a notar sobre el oscuro y nublado cielo, siguió unos rastros de pisadas en el barro, llegando al lugar en donde habían visto al chancho jabalí colgado de la rama.
Cuando se asomó precavidamente mirando hacia el árbol…algo le tiro de sus ropas, era Alberto escondido con pavorosa cara de pánico, pálido y embarrado le hizo señal de silencio, abajo los dos, Alberto le señalo con su mano temblorosa hacia arriba, Marcelo abrió grande sus ojos por la poca visión… no distinguía bien, pero se sobresaltó al notar sobre el árbol que unas ramas se movían lentamente envolviendo un bulto azul, mientras bajaba y subía lentamente.
Aquel bulto azul era el sobre de dormir de Ricardo, era él que colgaba allí, mientras el viento confundía todo alrededor con las ramas moviéndose, pero amanecía, los dos inmóviles contra el barro observaban aquella escena aterrados, ahí notaron una forma particular en aquel árbol…aunque pareciera una locura, aquello era un insecto gigante que consumía el cuerpo de su amigo.
Hasta no convérsese de lo que veían, no reaccionaron, entonces se miraron fieros y salieron con sus arcos profesionales, apuntaron a aquel extraño ser, cuando fueron a disparar algo cayo a sus espaldas, al girar vieron con sorpresa una mantis de unos tres metros de alto, se erguía frente a los dos, gigantesca con unos ojos oblicuos enormes y azules, una pequeña y triangular cabeza, unas pinzas llenas de espinas mortales de un color verde con manchas rojas, largas antenas se movían sobre su cabeza mientras su terrorífica boca chirriaba desafiante.
La criatura cuando se paro bien sobre sus cuatros patas, emitía un extraño sonido, un rechinar de cuchillas poco afiladas, entonces abrió sus pinzas y estiro su cuerpo largo…desplegando alas traslucidas cuando Alberto estiro su cuerda para lanzarle la flecha, a su espalda apareció la otra, que era más grande y rápidamente lo ataco sin darle tiempo a nada quedo Alberto en el aire entre las poderosas pinzas de aquel gigantesco insecto.
Unos horripilantes gritos en la mañana soleada en algún lugar del monte, sobre la orilla del rio Dayman despertaron a Alberto Moreira de treinta y dos años, sentía que lo balanceaban entre un fuerte mareo y mucha confusión, sus extremidades estaban entumecidas y su cuerpo parecía explotar de hinchazón, mientras recuperaba la visión noto que colgaba cabeza abajo mientras su pierna izquierda estaba siendo devorada literalmente por la gigantesca mantis, así como devoran a las moscas o mariposas en la vida real, con un ritmo cruel su pierna va desapareciendo, por instinto intenta estirar su brazo y descubre con horror que no tenía.
Pero tampoco tenía su pierna derecha, mientras aquel tranquilo insecto repugnante ya le devoraba por encima de la rodilla su última extremidad…
Entregado, entumecido y con varias perforaciones en su cuerpo Alberto vio con visión borrosa como sus amigos colgaban junto al medio Jabalí, era un nido de aquellas criaturas que los devoraban, de Ricardo solo quedaba la cintura y sus piernas de Marcelo ya casi nada, la criatura más grande comía frenéticamente todo, hasta los huesos.
Así pasaron varias horas en aquel nido de estas criaturas de ficción pero muy reales, aunque Albero muy dolorido pero consiente continuaba vivo, volvió a abrir lentamente sus ojos, cuando noto que su cuerpo se sentía raro, algo le bailaba en su panza y sus heridas estaban cauterizadas con un espeso fluido verde y pegajoso que lo sostenían de una rama en lo alto, recostado contra el tronco con la horrorosa visión de los pocos restos de sus amigos y los dos insectos ahora copulando… mientras la mantis más grande devoraba la cabeza de la más chica y miraba a Alberto con aquellos gigantescos ojos brillantes.
Y paso algo más extraño… “recordó en medio de su inconciencia” el entumecido hombre, en un momento sintió un sonido que provenía desde el cielo y una sombra comenzó a oscurecer el ultimo brillo de la tarde, un gran disco oscuro se posó sobre el árbol, luego de unos segundo se abrió un tipo de puerta redonda de donde salió un rayo rojo que ilumino los cuerpos unidos de las Mantis, la grande miro hacia arriba y en un segundo desaparecieron junto aquel disco en el cielo a gran velocidad, quedando solo Alberto allí colgando de aquel árbol en el monte del rio dayman”.
– Hola Alberto, ¿me escucha? soy el oficial Romero a cargo de la investigación por la desaparición de sus amigos, quisiera saber que les sucedió a ellos y como terminaste en este estado –
Alberto no reaccionaba, no decía palabra alguna desde que había llegado.
– lo encontraron colgando de un árbol unos cazadores, no ha pronunciado palabra alguna…no creo que lo haga oficial, por su estado, su trauma debe de ser enorme, jamás vi nada igual.-

Dijo el doctor mientras le quitaba la luz de su linterna de los endurecidos ojos de aquel aterrado hombre… o lo que quedaba de él, cabeza y tronco. Piernas y brazos inexistentes, envuelto como un arrollado de sábanas blancas.
Mientras el doctor y el oficial Romero se retiraban de la habitación… escucharon un ruido dentro, volvieron abrir la puerta, vieron estupefactos como Alberto estaba parado sobre su tronco, se inflaba poco a poco dentro de sus sabanas, de su boca una espuma verde comenzó a brotar, seguía inflándose como un globo, comenzó a emitir un sonido terrorífico como a grito apagado de ultratumba, hasta que literalmente reventó con fuerte sonido y rego de pequeñas mantis todo alrededor, quedaron esparcidos los pequeños incestos que fueron desapareciendo camuflándose en la habitación, ante la perpleja mirada de los testigos presentes.

Richard A. Quiroga: aficionado escritor desde los años noventa de relatos y cuentos de terror, fantasía, ciencia ficción y misterios.
Como autor cuenta con dos libros publicados en Amazon y Autores Editores, con el título “En algún lugar de la mente”. Volumen I y II. Con un tercer volumen en proceso de corrección.
Desde pequeño fui un atento lector de grandes maestros del género “Quiroga y Poe”, un loco soñador de historias fantásticas que hay debo decir con satisfacción personal, que después de largos años de espera logre plasmar en esta realidad… mi libre imaginación, un añorado sueño al fin hecho realidad.

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